El prodigioso niño de las córneas se va a Harvard

Fuente: http://www.elmundo.es

  • ‘Llevamos 10 años con esto’, explica el joven oftalmólogo andaluz

Fue en segundo de carrera, cumplidos los 19, cuando a Miguel empezó a rondarle la idea de que un día él devolvería la visión a los ciegos. Él, que iba para pintor de retratos, su vocación primera -«Escoge otra cosa, que de la pintura no vas a poder comer»- terminó aferrándose al consejo de sus padres y, «sin saber muy bien por qué», acabó entre tarros de cristal en cuyo interior crecían cartílagos, piel humana y hasta nervios. En ese ambiente futurista, empapándose de las enseñanzas de los mejores ingenieros de tejidos en la Universidad de Granada, permaneció el joven Miguel 10 años. «Mi sueño», dice él hoy, «es tener las estanterías del quirófano llenas de piezas de recambio para cuando las partes del ojo se averíen». Su gran obra, la primera de esas piezas, ya la ha conseguido: una córnea artificial que ha sido construida con productos de algas y células madre de cadáveres.

La córnea más avanzada del mundo, la califican dentro y fuera de España. A través de esa lente, José Luis, un paciente con ceguera severa, ha podido salir de la oscuridad a sus 51 años. Otros más esperan. Diecinueve invidentes, seleccionados para este primer ensayo clínico, viven pendientes del prodigioso oculista andaluz Miguel González-Andrades, de 29 años, el niño de las córneas, hablan de él con cariño y admiración en su entorno; premio Barclays al mejor expediente académico; elegido entre los 10 jóvenes científicos españoles más brillantes por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), cuna de cerebros.

La llamada del genio

En el cerebro de Miguel -y en su revolucionaria córnea artificial- ya se han fijado los hospitales y laboratorios extranjeros más punteros. Estos días preparaba las maletas. El viernes, pocas horas antes de desgranar su vida y proyectos a Crónica, volaba a Japón para hablar de su córnea artificial. Un viaje de ida y vuelta. En mayo, otra escala. Esta vez sólo de ida y más larga. A la tierra prometida. Lo reclama desde el hospital de Harvard (Boston, EEUU), apéndice de la mítica universidad de igual nombre, uno de los genios de la oftalmología mundial, el doctor Claes Hendrik Dohlman, 91 años, aún en forma y con una vista de lince para detectar talentos. Lo ha fichado para tenerlo al menos dos años a su lado, codo a codo con la flor y nata de la especialidad.

-Con usted se llevará muchos secretos…

-[Sonríe] No voy para trabajar en córneas artificiales.

-¿Qué hará entonces en Harvard?

-Voy para ayudares a evolucionar la queratoprótesis que el profesor Dohlman ha desarrollado allí, él me lo ha pedido- explica sin darse mayor importancia González-Andrades. Se trata de un dispositivo, hecho con metacrilato, que ayudaría a que la luz pase por el ojo. «Luego», añade el oftalmólogo español, «su idea es llevarlo a países del tercer mundo para implantárselo a los ciegos y que estos puedan vivir un poquito mejor. Ojalá un día yo pueda hacer lo mismo por la gente…».

La novedad de la córnea inventada por Miguel y su equipo radica en su esqueleto. Éste se compone de una sustancia obtenida de la fibrina, un coagulante de la sangre, y agarosa, material que proviene de las algas y que es compatible con el organismo humano. A continuación recubrieron este andamiaje con dos tipos de células madre obtenidas del ojo de un donante cadáver. En concreto, de la periferia de la córnea, donde se une con el resto de la esfera ocular. Estas células fueron alimentadas previamente, haciéndolas crecer a una temperatura de 36 grados en el interior de una incubadora.

«Llevamos 10 años con esto», explica el joven oftalmólogo andaluz. «Hubo momentos malos en los que nos atascamos, es normal cuando haces ciencia, pero yo siempre tengo muy presente que el que no arriesga no gana. Y, de momento, hemos ganado. Tenemos dos caras casi perfectas de la córnea, de las tres que se compone, para sustituir las naturales averiadas. Y funciona, lo hemos comprobado en el paciente operado. Ahora vamos a por la cara interna…». Un hito. Lo más cerca hasta ahora que se estado de conseguir la prótesis ocular idónea corrió a cargo de especialistas suecos, y fracasaron. La española podría decirse que fue fruto de una sorpresa.

Porque Miguel, aquí, anduvo un tiempo en la cuerda floja. «Mi idea hace cinco años era irme a Londres, pero por suerte el doctor Miguel Alamino, mi hermano del alma y un ejemplo, y el jefe del departamento de Histología, Antonio Campos, otro de mis maestros, decidieron apostar por mí, a pesar de los recortes».

-Lo suyo fue suerte, sí. Porque unos 3.000 investigadores se han visto obligados a emigrar. Y la sangría no para…

-Los políticos españoles están totalmente ciegos, hay demasiada mediocridad.

-Mire por un momento hacia adelante y dígame qué ve.

-Un país, España, con gente única, de primera línea, que sin embargo cada vez más se acerca al Tercer Mundo. Mientras los demás están aumentando las inversiones en ciencia y tecnología, nosotros hacemos lo contrario y las reducimos. Se aprovechan de nuestro entusiasmo, empezando por los jóvenes, para explotar a la gente de manera miserable. A nadie con un mínimo sentido común y una mínima preparación se le hubiera pasado por la cabeza machacar la ciencia como lo están haciendo. Así es, y será, imposible competir.

-¿Alguien le riñe por decir abiertamente lo que piensa?

-Algunas veces, los amigos. Pero no puedo callarme, soy de esa manera. Mis padres me han educado para que no comulgue nunca con la injusticia. Y estamos al límite. Por eso cuando las cosas van rematadamente mal, como viene sucediendo desde que comenzó la dichosa crisis, me pongo malo y suelto lo que pienso. Soy consecuente.

Pese a su juventud y al reconocimiento que no para de llegarle, Miguel rezuma humildad. De padre catedrático y madre abogada y filósofa, el hijo mayor de los González [Elena, su única hermana, es cuatro años más joven, enfermera y aspirante a doctora] dice que trabaja por amor al arte. Porque, para él, «la medicina es arte puro, y no estoy en esto para hacerme rico», aclara Miguel. «Yo podría ganar mucho dinero dedicándome a la privada y viviendo más relajado. Pero ese camino no es el mío».

La intención de Miguel es que la patente de la córnea que ha desarrollado con su equipo de Granada se mantenga pública y un día pueda llegar a toda la red de hospitales que pagamos con los impuestos. «Sería un orgullo y una alegría enorme», apostilla.

Sus jornadas son como mínimo de 12 horas diarias, que reparte entre sus pacientes del hospital universitario San Cecilio de Granada -donde, al frente de ocho facultativos, implantó su invento- y el laboratorio de ingeniería de tejidos de la universidad. Traducido a euros, entre la clínica y el laboratorio apenas llega a los 1.200 de sueldo. «Y no tengo contrato fijo, firmo mes a mes». Completa hasta los 2.000 haciendo noches y días de guardia. El doble, y con contrato, le han ofrecido en Harvard.

-Algunos laboratorios ya le habrán tentado, imagino…

-El modelo al que yo me aferro es el que encarna el profesor Dohlman. De hecho, pudiendo él haber sido multimillonario desde hace mucho tiempo, ha renunciado a ello. Ahí sigue, ya anciano, trabajando. Es más, ha intentado siempre que sus inventos y técnicas estuvieran al alcance de cualquiera, tuviera o no dinero.

Jazz, flamenco y pessoa

Cuando Miguel cuelga la bata blanca se transforma. Se arranca por flamenco, su pasión. Agarra la guitarra e intenta emular al venerado Paco de Lucía. Cuando no, se recrea con el jazz de Miles Davis, o echa mano de Pessoa y su Libro de desasosiego. Lo de jugar al baloncesto -«mido 1,79 y eso sólo da para base»- hace ya tiempo que lo dejó. Ahora se le da más hacer montaña. Pliega la tienda, la mete en la mochila y tira Sierra Nevada arriba o, como el año pasado, se va a Tanzania con su amigo Gabi para subir los 5.895 metros del Kilimanjaro. «Allí arriba fui muy feliz. Te das cuenta de verdad de lo pequeños y a la vez grandes que somos los humanos».

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